Liderado por Ramón Bandrés, este proyecto de reforma en el corazón de Valencia nos presentó un reto singular. El encargo, realizado por una pareja que deseaba mudarse a una zona central de la ciudad, nos llevó a intervenir en un edificio protegido, lo que implicaba trabajar dentro de estrictas normativas de conservación y preservación arquitectónica.
Nos encontramos con un espacio completamente diáfano, donde las paredes torcidas y los techos altos con vigas a 4 metros eran elementos que definían el carácter del lugar. La belleza imponente de estas viguetas originales, junto con las bóvedas de ladrillo, nos inspiró a mantener esta altura máxima en las zonas comunes —cocina, comedor y salón—, preservando así el encanto original del inmueble. Sin embargo, para las zonas de noche, decidimos bajar los techos a 3 metros, lo que permitió armonizar las proporciones de las estancias y, al mismo tiempo, instalar un sistema de aire acondicionado sin comprometer la estética del espacio.
Uno de los aspectos más delicados del proyecto fue la restauración de las viguetas de madera y las bóvedas. Optamos por darles un acabado rústico pero elegante, manteniendo su carácter original, pero añadiendo un toque refinado a través de un enlucido texturizado en las bóvedas, creando una atmósfera cálida y acogedora que complementa el estilo histórico del edificio.
Otro elemento distintivo del apartamento eran las contraventanas de madera lacadas en beige. Decidimos restaurarlas eliminando el barniz y dejando la madera al natural, aportando una sensación de calidez y autenticidad que contrasta maravillosamente con los acabados modernos y elegantes del interior.
La cocina se diseñó a medida para encajar perfectamente en el espacio, utilizando un chapado metálico en tono bronce brossé para las puertas, lo que añade un aire sofisticado sin perder la armonía con el estilo histórico del lugar. La cocina está completamente equipada, incluyendo una isla con taburetes que se integra perfectamente en el diseño abierto del salón-comedor.
En la zona del salón y comedor, optamos por un mobiliario cómodo y acogedor, que reflejara el carácter familiar de la vivienda. Esta zona se pensó como el corazón de la casa, un espacio donde la pareja puede relajarse y disfrutar de la vida cotidiana en un ambiente que combina modernidad y tradición.
Finalmente, aprovechamos el encanto del mirador, instalando un cortinero con LEDs para crear una iluminación puntual, destacando los detalles arquitectónicos y añadiendo una luz suave que realza la calidez de todo el espacio.
Este proyecto fue un ejercicio de equilibrio entre la preservación del patrimonio arquitectónico y la creación de un hogar moderno y funcional. Cada decisión, desde los materiales hasta la iluminación, se tomó con el objetivo de respetar la historia del edificio mientras se proporcionaba a los propietarios un espacio acogedor y contemporáneo que realmente sintieran como su hogar.